Mis muertos

 

 

He soñado a mis muertos

 

mis muertos muertos

 

y mis muertos vivos

 

y he pensado en la muerte

 

en su abrazo, en sus suspiros

 

en mis suspiros

 

 

Sí, he soñado a mis muertos.

 

A los que retengo

 

aferrada en la memoria

 

a los que no me determino

 

a dejar ir

 

por quienes aún palpito

 

sin que palpiten

 

y me he puesto a pensar

 

en su muerte y en los pedazos

 

de su vida compartidos conmigo,

 

aún viva,

 

con la certeza de que un día,

 

también como ellos, seré

 

estremecimiento de alguna memoria

 

—eso creo—.

 

Los muertos duelen

 

siempre duelen

 

aunque su muerte sea alivio

 

aunque la muerte forme parte del camino.

 

Duelen.

 

Los de la casa, los de la calle, los del otro lado del mar.

 

Los cadáveres hablan aún ocultos en la tierra y en el fuego.

 

Hablan de sus amores y de sus desamores,

 

tiemblan en los vivos.

 

Y si nos olvidamos de ellos

 

algún día regresan para tomarnos desprevenidos

 

y entonces sus rostros nos miran

 

sin sonreír y sin llorar.

 

Somos nosotros los que lloramos o reímos

 

por las migajas de su historia compartida.

 

Duele, seguro, duele.

 

Cada quien sabe el número de sus muertos

 

Cada quien sabe de su propia angustia

 

y de su ansiedad.

 

Cuando los muertos vienen

 

sin hablar nos hablan, revelan

 

nuestros secretos

 

y entonces el golpeteo de la memoria

 

nos refleja vivos en su rostro de muertos.

planideras1

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