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Carta a los benefactores

viridiana430Estimados benefactores:

 

Por medio de esta carta me permito expresarles mi agradecimiento por preocuparse por los miserables de este país. Sé que son seres con conciencia, la cual les obliga a donar determinada suma  a las instituciones de caridad, su intención es muy loable, los admiro, pues he de confesar que yo carezco de espíritu altruista y jamás doy diezmos ni limosnas (no puedo deducir donativos, pues soy contribuyente cautivo).Además, desconfiada, escruto al que pide, escucho sus palabras y sus lágrimas y acabo por pensar que son falsas. Los niños sí que me enternecen, sobre todo, los que andan a altas horas de la noche vendiendo chicles o arrastrándose por el piso de los vagones del metro. Me pregunto a qué hora duermen, si van a la escuela, si han comido… A veces me conmuevo al punto de intentar sacar una moneda, pero mientras hurgo en mi bolsillo, pienso en los adultos que manipulan y obligan a esos niños a pedir dinero o a vender –chicles y miseria. Entonces me guardo mi monedita y en su lugar saco una brillante, enorme y jugosa manzana roja, que para nada es la de Blanca Nieves, pero en su mayoría los niños y los borrachos que, como yo, también son mal pensados, me la desprecian; supongo piensan que soy la bruja asesina. Y es que en cuestiones de caridad y compasión se suele caer en retruécanos. Las buenas intenciones no siempre devienen en bien y la caridad a ciegas es locura. Hay lobos que se disfrazan de corderos y corderos amigos de lobos. Mejor que yo, lo explica Buñuel en sus películas, Nazarín o en Viridiana (ambas basadas en novelas de Benito Pérez Galdós).  En Viridiana sobre todo se vive el retruécano real y ficticio (Buñuel hace de una mediana, una buena actriz). Recordaran que en Viridiana una ex novicia compasiva e ingenua (Silvia Pinal) recoge vagabundos y estos terminan abusando de su “bondad”. Hay una famosa escena, el selfie a la manera de La Última Cena, de Leonardo. El “selfie” es una provocación y una bella imagen. Las fotografías de políticos, intelectuales y empresarios benefactores con madres Teresa de Calcuta distan mucho de la belleza lograda en un film de Buñuel, pero de todos modos impactan. Se dona a asociaciones civiles y se premia labores “altruistas” sin compasión y sin empatía. El “selfie” es lo que importa y la sala de recibimiento bien barrida. El visitante nunca se interna en los dormitorios. A los miserables, de lejos, lanzando vítores y sonriendo por haber recibido una donación.  Ah, los lobos sueltos, se divierten  fundando asociaciones civiles sin fines de lucro y libres de impuestos y supervisión. Los políticos se pasan por allí, sólo para la foto que comprueba que trabajan en resolver  los problemas sociales. La compasión hipócrita es hueca y peligrosa. Algunos se aprovechan del remordimiento de unos, la buena intención de otros y la miseria de muchos. Viridiana juega en trío.

Sobre el ingreso de México a la Asamblea General de la ONU

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El 12 de noviembre la Asamblea General de la ONU determinó el ingreso de México como miembro del Consejo de Derechos Humanos para el periodo 2014-2016. Con lo cual se le encomienda las tareas de promocionar y salvaguardar los derechos humanos, así como formular recomendaciones cuando se detecten violaciones a éstos. Nuestro presidente agradeció feliz la entrada de México a la asamblea. Acto paradójico en un país en el que las autoridades son las que violan o propician la violación. Pues los señores y señoras encargados de impartir justicia han olvidado que su tarea es proteger y fortalecer los derechos de los ciudadanos. La violencia, la pobreza (que es una forma de violencia) y el cinismo rasgan, hieren profundamente al país. Situación de la cual parecen no percatarse nuestras “autoridades”, quienes no cumplen con la misión primordial por la cual reciben un salario y no mínimo: el bienestar de los ciudadanos. Sin embargo en algunos estados como Michoacán, se vive en estado de guerra, pues los ciudadanos han tenido que organizarse para protegerse. Extorsión, secuestro, asesinato son monstruos que se yerguen sin que ninguna autoridad judicial sea capaz de exterminarlos. Agricultores, albañiles, alcaldes son víctimas de los delincuentes y al mismo tiempo victimas del Estado, incapaz de procurar justicia. ¿Abulia o delincuencia de quienes trabajan en las instituciones del Estado? En Chihuahua, van y vienen fiscales, hombres, mujeres, incapacitados profesional y emocionalmente para resolver las desapariciones y asesinatos de los ya cientos de mujeres. ¿No quieren que las madres los persigan para preguntarles dónde están sus hijas o dónde están los culpables? Señoras y señores fiscales hagan su trabajo o renuncien. El caso es que las autoridades deben responder por las desapariciones, asesinatos y crueldades, para eso se les paga.  Pero como no pueden, se burlan ante el cadáver de alguna desafortunada, hacen declaraciones desesperadas y poco creíbles sobre culpables confesos, que en realidad son chivos expiatorios, por lo tanto seres humanos torturados; o hacen gala de su ignorancia y falta de conciencia haciendo declaraciones absurdas como que las madres tuvieron la culpa del secuestro, violación, tortura y asesinato de sus hijas por permitirles salir a trabajar desde la madrugada. ¿Cuál es la hora para salir a trabajar, las diez, las once, fiscal holgazana, cínica, aterrorizada e ignorante? Lo que queda claro es la certeza de la complicidad y la incapacidad de las autoridades mexicanas. Norte, sur, centro, oeste, este. México ocupa los primeros lugares en producción de pornografía infantil, además se presenta como un paraíso para pedófilos y asesinos de periodistas. Ni agricultores ni cineastas salen ilesos. México, lugar en donde los fiscales declaran que es normal ser amenazado de muerte, algunos alcaldes escapan a otro país porque la autoridad que los nombró no puede protegerlos, primeras damas que compran sus vestidos en lujosas boutiques internacionales y estallan en risa frente a un partido de futbol. Señores y señoras no es normal ser amenazado de muerte. No es normal tener primeras damas vanidosas y estúpidas. El Estado debe procurar el bienestar de los ciudadanos. Si un fiscal declara que es normal ser amenazado de muerte ese fiscal debe ser despedido porque no está cumpliendo con la tarea encomendada y además muestra incapacidad para ella.  ¿México, miembro del Consejo de Derechos Humanos? Pero si en la cárcel abundan los pobres diablos que no han podido pagarse un buen abogado (un “buen” abogado, no un abogado bueno), si las defensoras de derechos humanos tienen que pedir asilo en el extranjero para no ser asesinadas, si un hombre inocente sale de la cárcel por decreto presidencial porque el encargado de impartir justicia no impartió justicia, si existen instalaciones militares o lugares de reclusión en donde se practica la tortura, si,  según el Informe sobre Desapariciones Forzadas en México, presentado por el Centro de Derechos Humanos “Fray de Vitoria O.P.” y la Comisión Mexicana para la Defensa y la Promoción de los Derechos Humanos A. C.  (http://www.desaparecidos.org/mex/doc/97.html) determina que ha aumentado a grados alarmantes las desapariciones forzadas en nuestro país, si la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) no ha podido resolver la mayoría de los casos y si la corrupción de las instituciones encargadas de impartir justicia se mira normal.

 

La pregunta es cuándo a quienes pagamos por nuestro bienestar cumplirán con su tarea y protegerán la vida en vez de ser propiciadores de la muerte ¿Cuántas muertas, cuántos niños violados, cuántas desapariciones más? Seguramente los representantes mexicanos en la Asamblea de la ONU se indignarán de las atrocidades cometidas en otras latitudes y actuarán conforme se espera. Pero en nuestro país nos enfrentamos a castillos intransitables, a procesos más absurdos, a funcionarios más cínicos, incompetentes y crueles que los del mundo kafkiano.

 

Sobre educación

En el mural ubicado en lo que fue la Torre de la Normal, Orozco pintó una fila de hombres y mujeres en pobreza extrema; mirando hacia la luz: la esperanza en el conocimiento.  La luz representa la educación, derecho de todos los mexicanos, según la Carta Magna. Luz porque la educación es una ventana por la que entra una mejor calidad de vida. Un panorama  deseable para nuestro famélico país (ávido de justicia).

  Sin embargo, lejos de salir de la oscuridad, en México la pobreza tanto moral como económica se arraiga cada vez más, ciegos deambulamos entre los escombros que arrojan la violencia, la indiferencia y la codicia. México se ha ido convirtiendo, poco a poco, en un país de pordioseros. Cada cual pide y, a veces exige, según el tamaño de su inconsciencia. En la calle los niños aprenden a vivir de la “piedad”; en los pulpitos, se levantan los brazos y se abre la boca para expresar (falsa) empatía y prometer acciones que exterminen la pobreza. Programas institucionales van y vienen, pero la pobreza aumenta (¿Cruzada contra el hambre?, si el gobierno mexicano se negó a firmar el Protocolo de la ONU para combatir la pobreza –quizá porque implica rendición de cuentas–).

   Según Unicef, existen cinco millones 200 mil personas con desnutrición en nuestro territorio. Las causas y las consecuencias son evidentes. No hay trabajo, el campo se encuentra abandonado, los sueldos no alcanzan, se permite la explotación laboral, el cuerpo no recibe los nutrientes suficientes para trabajar y pensar. Los derechos se violan o no se cumplen. Las brechas sociales se abren cada vez más. Es una vergüenza para todo aquel que se sienta civilizado que en un país en donde algunos niños mueren por inanición, otros son obligados a trabajar y otros más son secuestrados, violados y asesinados, haya individuos que se encuentren entre los más ricos del mundo. Es una vergüenza para todo el país y un fracaso para quien ha gobernado que haya 136 000 asesinatos sin estar en guerra civil (y no vale que oculten las cifras, la realidad es la violencia). La muerte de periodistas, defensores de derechos humanos y civiles infortunados se está volviendo asunto cotidiano. Mientras elefantes rosas bailan todos los días y a toda hora en ciertos canales de televisión (por cierto,  los únicos que llegan a regiones remotas).

   ¿Y la educación? La Reforma Educativa en viento en popa. Los informes dicen que se han abastecido de computadoras y tabletas a comunidades lejanas. Eso dicen los informes, pero no dan cuenta de la falta de mantenimiento y de las redes que requieren aparatos tan novedosos (El informe de la OCDE ubica a México en rezago digital, además de enfatizar el elevado costo de la navegación en este país). Tampoco informan sobre cómo repercute la desnutrición en la adquisición de aprendizajes. La tecnología no es una varita mágica que nos proporcione automáticamente educación.

  La realidad es otra. Nuestro pueblo carece de educación, una palabra que va más allá de la adquisición de conocimiento para desempeñar un puesto de trabajo. Pues educación  también es la formación integral de un ser humano, como individuo y como ser social.  Sin embargo, hemos crecido con costumbres sobre las cuales no hemos reflexionado suficientemente, por lo tanto no las hemos puesto en tela de juicio. No importa la clase económica de los mexicanos, casi todos actuamos sin pensar. Ejemplo de ello es la enorme cantidad de basura arrojada a las calles (¿marchas en pro de justicia?; ¿y la basura que queda no es una falta de respeto?), el desperdicio de agua, los esfuerzos por estacionarse donde está prohibido, las señales de vialidad no respetadas, tanto por los conductores (incluidos los de motocicletas y bicicletas, quienes creen que porque no conducen autos las reglas de vialidad no son para ellos) como por los peatones (quienes pretenden parar el tráfico mágicamente para que ellos puedan llegar a donde van). Agreguemos las promesas de venganza si algo no sucede como queremos que suceda, el afán por hacer escuchar a los otros hasta ensordecerlos nuestra música preferida, meterse en la fila y la fe dogmática en la mentira, la cual propicia que la corrupción sea vista como algo “normal”.

   Parece pues, que la desigualdad que no pudo solucionarse con la supuesta expansión de la educación se soluciona con las malas costumbres que seguimos, hábitos que de ninguna manera nos hacen libres. Los mexicanos somos iguales bajo el cielo plomizo de nuestra carencia educativa.

   Vivimos obnubilados. Esta condición nos hace presas fáciles de seres famélicos de poder y dinero. Creemos en los informes y en las promesas. Nos han dicho que el país ha avanzado en educación; lo cual no se demuestra en los hechos reales. Seguimos siendo sujetos con malos hábitos y, la gran mayoría, capacitada para ingresar a los campos de trabajo como mano de obra barata. La escuela no sólo no ha servido para alcanzar el anhelado progreso, sino que ha justificado la riqueza de unos cuantos. De allí que  sea poco creíble que la expansión de escuelas y la adquisición de computadoras y la enseñanza del inglés den como resultado una mejora en cuanto a bienes materiales y morales. La impartición de la educación debería tener como base el respeto, el cual lleva a pensar en el otro y sus necesidades. Pero fácil es adjudicar el fracaso educativo al poco esfuerzo individual. (Si ya tienen computadoras y maestros de inglés, ¿por qué no van a aprender y salir de su pobreza?)

  El ascenso social y económico no depende sólo del esfuerzo individual. La movilidad social y la lucha por las posiciones sociales no se dan en condiciones igualitarias, entre otras causas, porque la escuela transmite los valores de una clase que no considera los valores ni las necesidades de los otros (en desventaja social y económica).

  Pareciera que la impartición de la educación, concebida de manera egoísta tiende a aumentar la pobreza (la alegre declaración de Calderón Hinojosa sobre el reconocimiento de México como un abastecedor importante en mano de obra barata. –Me pregunto si él estaría dispuesto a pertenecer a ella–).

   México y su gente han quedado en calidad de sirvientes de intereses individuales. Asimismo, el pequeño clan, en su afán mercantilista tiende a crear un país de maquila, no de investigación y duda. De tal suerte, el progreso es sinónimo de utilidad para las clases que quieren seguir conservando el poder; así la política de enseñanza en las escuelas va encaminada a la actividad productiva, es decir se educa para hacer individuos cuyo desempeño es  eficaz si su producción repercute en el aumento de riqueza para sus empleadores.  Así pues,  la transmisión del conocimiento está subordinada a los propósitos inmediatos de utilidad y comodidad. Por ello no se invierte en la investigación, pues su utilidad se presenta a largo plazo, aunque con ella el país se beneficiaría más. Podemos pues, agregar con Hostos, que solemos confundir progreso material con civilización, comodidad con bienestar; hemos enaltecido el desarrollo tecnológico y científico, creyendo que nos proporcionará estabilidad,  pero  dicho desarrollo no es para todos los miembros de la sociedad, sólo para quienes pueden comprarlo, esto echa por tierra la idea del supuesto progreso de la humanidad.

    De tal modo, aunque en México se invirtiera en ciencia, esto no llevaría al bienestar de la mayoría, pues para ello tendríamos que desarrollar antes un carácter ético: valores solidarios y valores de responsabilidad y respeto para con nuestro país y para con sus habitantes. Realmente, observamos que carecemos de educación y que la luz se encuentra muy lejana.

    Sin embargo aún hay luz. Como se sabe siempre existen resquicios por los cuales los sujetos descubren la luz. Es por esos resquicios por donde se cuelan los rayos de la reflexión y la crítica, atributos de todo ser humano. Las ideas nacidas bajo esa luz abren posibilidades verdaderas de movilidad social. Recordemos a José Martí cuando dice en Nuestra América: “trincheras de ideas valen más que trincheras de piedra”. Son las ideas las que quedan, a la larga, en la memoria de los pueblos, es el juicio de la razón el que convence y transforma. Es pues, hacia la reflexión y el ejercicio de la razón, a donde debemos encaminarnos si queremos dejar de ser cuerpos grises, encadenados y famélicos en el fondo de una cueva.

Patricia Martínez Cruzpensamiento sobre educación: Benito Juárez