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Caín y Abel

cainyabeltinEn semanas anteriores de nuevo hemos visto las estremecedoras escenas de los ataques del gobierno israelí a Palestina. Un viejo conflicto entre hermanos que parece haber sido fraguado por el diablo. Pero este diablo no es Luzbel,  éste tiene múltiples brazos y los extiende según sus intereses económicos y de poder —lo conforman los gobiernos de Estados Unidos, Inglaterra, Francia, Israel, los vendedores de armas, el grupo Hamas, et.al. ¿Qué clase de dios es el que ordena matar?  Demiurgo terrible que induce al fratricidio y que prefiere la sangre a los vegetales. Caín asesina a Abel por celos y envidia. Descendientes de Caín, adoramos a un demiurgo al que le gusta la sangre. ¡Qué ingenuidad o qué cinismo afirmar que los sacrificios humanos son cosa del pasado, o de cruentos aztecas! Cada que un inocente muere o es mutilado a causa de “misiones u operaciones defensivas”, la marca en la frente se hace más profunda.  ¡Qué manera tan condescendiente tenemos de usar el lenguaje!: “Daños colaterales”,  en vez de asesinato; “confiscación de bienes” en vez de robo y saqueo; “operación defensiva” por venganza cruenta y exagerada. Cinco dientes por uno, mil ojos por uno, amparados en el derecho divino, qué al demiurgo se súplica, se escucha y obedece: “Piérdelos en tu ira, piérdelos sin dejar ni rastro de ellos, para que todos sepan que Dios reina en Jacob, y hasta los extremos de la tierra. Vuelvan al atardecer y ladren como perros, dando vueltas por la ciudad. Anden rondando en busca de comida, no la consigan, sigan aullando”. (Salmo 59 (58), 14-16).

El gobierno israelí justifica sus ataques señalando que sólo está defendiendo su Estado, pero gran diferencia existe entre un país “fuerte” y uno diseminado y oprimido. La Cúpula de Hierro es impenetrable, no así las casas de los civiles palestinos. ¿El lanzamiento de cohetes por Hamas, interceptados, justifica los asesinatos de civiles? ¿Esos niños que yacen mutilados debían pagar culpas ajenas? El asesino es el asesino y no hay ninguna justificación para la ambición y el odio. Y la tragedia continuará porque ninguno de  los grupos extremistas cede. El muro se yergue para oprimir y exterminar. Las lágrimas y los gritos de dolor no son a causa de una goliza recibida. Resultan del odio. Sin embargo la reacción ante las imágenes de devastación es similar a la reacción ante las imágenes de la copa mundial.  La multitud se apresura a culpar. Los judíos, todos, son culpables. Hay quien afirma que debieron haber sido aniquilados en los campos de concentración. No equivoquemos las cosas. ¿Qué suplicamos a nuestros demiurgos? Ni todos los judíos son culpables de las acciones expansionistas ni de la ambición de los vendedores de armas, tampoco los niños asesinados lanzaron cohetes a las bases israelíes. Hacemos a nuestros dioses a imagen y semejanza.  ¿Qué odias, qué envidias? Cada nación tiene a sus inocentes pagando culpas ajenas. Por supuesto, México los tiene.

Patricia Marcuz