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Alfonsina Storni

alfonsina430Alfonsina Storni es una poeta cuya mención nos remite a las hermosas canciones que su vida, su obra y su muerte han inspirado: “Alfonsina y el mar” y  “Templo de agua”.  Alfonsina es  oleaje y poesía.  Construyó a través de la palabra un discurso de libertad; rasgó con su actitud el silencio impuesto a las mujeres durante siglos. San Pablo decretó que las mujeres guardaran silencio en la iglesia y por extensión en la casa. De allí el dicho: “Calladita te ves más bonita” y otras frases como “Las mujeres son objetos de cabellos largos e ideas cortas”, atribuido a Schopenhauer, pero Alfonsina, para nuestro beneficio, no era una mujer obediente y sí  una transgresora de las normas. Hizo caso omiso de San Pablo y contradijo a Schopenhauer:

Bien pudiera ser
Bien pudiera ser que todo lo que en verso he sentido
no fuera más aquello que nunca pudo ser,
no fuera más que algo vedado y reprimido
de familia en familia, de mujer en mujer,
Dicen que en los solares de mi gente, medido
estaba todo aquello que se debía hacer…
Dicen que silenciosas las mujeres han sido
de mi casa materna…Ah, bien pudiera ser…
A veces en mi madre apuntaron antojos
de liberarse, pero, se le subió a los ojos
una honda amargura, y en la sombra lloró.
y todo esto  mordiente, vencido, mutilado,
todo esto que se hallaba en su alma encerrado,
pienso que sin quererlo lo he libertado yo.

Alfonsina, haciendo honor a su nombre  (“la dispuesta a todo”), fue una mujer que abrió veredas para nosotras, las mujeres del siglo XXI, a través de su actitud trasgresora.  Miembro de una familia pobre, a temprana edad hubo de trabajar como mesera y obrera. Posteriormente, cuando tenía diecisiete,  como actriz en la compañía de teatro de “Manuel Cordero”, con la cual se fue de gira. Regresó  a la casa materna para estudiar para maestra rural y  comenzó a escribir poesía en las revistas Mundo rosarino y Monos y monadas. A los diecinueve años partió a Buenos aires, llevaba poco dinero y esperaba un hijo, fruto del amor a un hombre casado. En Buenos Aires se desempeñó como mecanógrafa, en un momento histórico (1912), en el cual los hombres eran los que realizaban ese trabajo.

Sus  primeras publicaciones atrajeron a escritores y a  periodistas; uno de estos últimos se impresionó enormemente cuando la conoció, pues se percató de la sensibilidad y la inteligencia de Alfonsina, pero también de la pobreza en la que vivía. Mientras le  realizaba una entrevista, ella metía sus pies debajo del sillón tratando de ocultar sus zapatos rotos.

Actriz, madre soltera, mujer que vivía sola, mecanógrafa, escritora, independiente, libre, Alfonsina, “La dispuesta a todo”, transgredió  las normas morales y sociales impuestas por los hombres. La manera en la cual vivió el amor dista de ser la usual en la primera mitad del siglo XX. Recordemos que el disfrute de los placeres eróticos era una más de las prohibiciones a una muchacha “decente”. La mujer debía llegar virgen –“alba”—diría Alfonsina, al matrimonio y tener relaciones sexuales no con fines placenteros sino para procrear. Llevar la casa, atender al marido, atender a los hijos, no pensar, no hablar, ese era el destino de las mujeres en época antigua. El esposo sí que tenía derecho al placer. Alfonsina luchó por la igualdad entre hombres y mujeres. El amor era para ella el despertar de la imaginación y del cuerpo, el amor era la vida, el placer de saberse amante y amada. Escribió  poemas de amor en prosa, a modo de una confesión:

El ensueño:
I
Acababa noviembre cuando te encontré. El cielo estaba azul y los árboles muy verdes. Yo había dormitado largamente, cansada de esperarte, creyendo que no llegarías jamás. Decía a todos: mirad mi pecho, ¿veis?, mi corazón está lívido, muerto, rígido. Y hoy, digo: mirad mi pecho: mi corazón está rojo, jugoso, maravillado.

En este poema el contraste entre una estación y otra, entre la muerte simbólica y la vida, entre el dormir y el despertar, enaltece la imagen del amor como un experimentarse vivo si y sólo si se experimenta en el otro. Se es vital en el otro, la acción de vivir sólo es posible con la experiencia del amor. El pecho se abre a la vida en el amor como una flor en primavera. Los contrarios se complementan y se confunden en su unión:

XI:
Estoy en ti. Me llevas y me gastas. En cuanto miras, en cuanto tocas, vas dejando algo de mí. Porque yo me siento morir como una vena que se desangra.

Morir, paradójicamente, conduce a la vida, desvanecerse, abandonarse en el otro, en la languidez de amar. La confusión o unión del amado y de la amante continúa en el siguiente poema, en el cual la poeta evoca la imagen de la presencia del amado en el recuerdo de lo sentido, vivido:

XVI:
Estás circulando por mis venas. Yo te siento deslizar pausadamente. Apoyo los dedos en las arterias de las sienes, del cuello, de los puños, para palparte.

Es esa evocación de lo sentido, por lo que el cuerpo ansia de nuevo el encuentro:

 XV:
Pongo las manos sobre mi corazón y siento que late desesperado. –¿Qué quieres tú? Y me contesta: –Romper tu pecho, echar alas, agujerear las paredes, atravesar las casas, volar, loco, a través de la ciudad, encontrarle, ahuecar su pecho y juntarme al suyo.

La imagen del amor es la plenitud:

 Plenitud:
XXXII:
Oye: yo era como un mar dormido. Me despertaste y la tempestad ha estallado. Sacudo mis olas, hundo mis buques, subo al cielo y castigo estrellas, me avergüenzo y me escondo entre mis pliegues, enloquezco y mato mis peces. No me mires con miedo. Tú lo has querido.

En 1935 Alfonsina se enferma de cáncer de mama, le extirpan un seno, cirugía de la cual no se recuperó ni física ni emocionalmente. Cuentan que se encerró en su casa a esperar la muerte, allí le llegó la noticia de que su amigo, el escritor Horacio Quiroga,  se había suicidado. Como él Alfonsina se suicidó, dicen que se sumergió lentamente en el mar el 26 de enero de 1938, en Colonia Uruguay. Antes de hacerlo escribió un poema, en donde no se olvida de aludir al último amor de su vida, del cual poco se sabe.

 Voy a dormir
 Dientes de flores, cofia de rocío,
manos de hierbas, tú, nodriza fina,
y el edredón de musgos encardados.
 Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame.
ponme una lámpara a la cabecera,
una constelación, la que te guste:
todas son buenas; bájala un poquito.
 Déjame sola: oyes romper los brotes…
te acuna un pie celeste desde arriba
y un pájaro te traza unos compases.
Para que olvides… Gracias. Ah, un encargo:
si él llama nuevamente por teléfono
le dices que no insista, que he salido…