DE LA IGNORANCIA DE LOS SABIOS

La declaración de ignorancia de algunos sabios, como Sócrates: “Yo sólo sé que no sé nada”, o Montaigne: “Me entrego a lo habitual en mí que es la ignorancia”, pudiera parecernos falsa modestia o paradoja, si consideramos que estos personajes destacan del resto de los individuos por  comprender  los fenómenos que la mayoría ni siquiera sabemos  que existen. No obstante si partimos de la duda como el mecanismo que activa todo conocimiento, nos percataremos de que su declaración es el resultado de la toma de conciencia sobre la vastedad de los fenómenos. El universo parece infinito, comparado con la capacidad de comprensión que puede desarrollar un ser humano en su corta vida consciente. De allí que la declaración de ignorancia sea el reconocimiento a la multiplicidad y heterogeneidad de aconteceres, comparados con la finitud del ser humano. Por consiguiente, los sabios reconocen que  los individuos somos incapaces de aprehender la totalidad. La respuesta del sabio es pues la humildad, sin embargo  quedarse varado en una sola parcela,  otorga infinitud a lo finito.  Partir del reconocimiento de la ignorancia es saberse finito pero capaz de comprender parcelas de lo infinito. Bien lo dice Sor Juana “No estudio por saber más sino por ignorar menos”. Poner en tela de juicio es dudar y dudar es el primer paso indispensable para la comprensión, un paso a su vez indispensable para lograr el bienestar de la mayoría. Lamentablemente la mayoría ni siquiera dudamos. Por ello nuestro universo se colapsa en absurdos prejuicios, causantes de dolor. “¡Triste época la nuestra! Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio”  –dice Einstein.

Patricia Marcuz

One Response to DE LA IGNORANCIA DE LOS SABIOS

  1. Pao Herrera dice:

    Felicidades Paty! Excelente comienzo, me gustó mucho la ignorancia de los sabios, cuentas con mi apoyo. Un abrazo con mucho cariño.

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